lunes, 7 de marzo de 2016

Mato temores bailando

Quizá a diferencia de otros niños y niñas en  mi época escolar, yo no participaba en casi ninguna actividad extra currricular y fuera de horario de actividad pedagógica preestablecida, al contrario, creo que nada que tuviera que ver con matemáticas, historia y castellano no podia ser una aspiración para mí con miras a lograrlo. No hago esta introspección con rencor ni resentimiento, opuesto a ello hago esta introducción para hacer énfasis en algo que he insistido en diversos escenarios: el simple hecho de ser involucrado por la familia en ciertas actividades no garantiza ser exitoso en estas disciplinas deportivas y/o culturales. Esto puede parecer contradictorio a lo defensora que soy de la fomentación de valores en el hogar y los hábitos que se forman en la familia. Debo decir a su favor que sí motivaban en mí la escritura, me gustaba hacer pseudo poesías sacadas de lecturas de libros religiosos (principalmente la biblia) y luego recitarlos en navidad o día de la madre. Mi tia materna me ayudaba a corregir la ortografia en mis escritos de manera amena y no con amenazas de castigos, como ocurria con mis tareas escolares que sí eran impuestas con altos retos, en honor a la verdad creo que formaron en mí el buen hábito de escribir y cuidar mi redacción y ortografía a través de los años de liceo, universidades y profesionalmente. Finalmente hoy en día me ha llevado a retomar mis escritos y aquí estoy de alguna forma cumpliendo con uno de mis sueños: escribir.

Sin pretender negar categóricaemte lo mencionado anteriormente, ahora la intención es dirigir la
atención al simple hecho que ocurre cuando se prohibe a los niños, niñas y personas en general. Nunca entenderé porque la disciplina siempre va acompañada de la prohibición, sí es bien sabido que la prohibición produce un descargue de hormonas en el ser humano que conduce a hacerlo con más emoción que cuando es inducido a hacerlo. Esto no es como si descubriese el agua tibia, puesto que no es un secreto a través del tiempo y la historia que amores prohibidos hacen que las parejitas se escapen a hacer realidad sus deseo a escondidas de quienes lo prohiben. Con una sonrisa entrecortada en mis labios que no es más que picardía, enseguida vienen muchos recuerdos y agradezco al universo que afortunadamente también soy de las que veo la vida de manera muticolor y no en los extremos de negro y blanco; en esa dirección se ha dirigido uno de mis estudios de la neurociencia y neuroquímica que aseguran que con las emociones en nuestro cuerpo ocurre un complejo proceso químico donde se producen cortisol y serotonina como parte del circuito hormonal de trillones de células.

Ahora es que entiendo este fenómeno (que en mi explicación no lo haré más complicado de lo que es), y me ha hecho entender mi conducta durante la niñez y adolescencia de hacer a propósito casi todo lo que me prohibían los adultos, esto era catalogado hasta por mí misma como rebeldía. La rebeldía es definida por los estudiosos de la conducta como un tipo de comportamiento humano, caracterizado por la resistencia o el desafío a la autoridad, la desobediencia de una orden o el incumplimiento de una obligación.  En esta oportunidad les relato mis vicencias especificamente, como por rebeldia o por mis hormonas aceleradas, tal vez por la combinación de ambas, el cómo aprendí a bailar y luego persistir en practicar para mejorar los pasos en concordancia con los ritmos que escuchaba. Puedo afirmarles con toda seguridad que el simple hecho de encerrarme en una habitación con música muy baja, para no ser descubierta, me hacia producir una emoción indescriptible. Mi imaginación volaba y me hacia visualizarme inexplicablemente en escenarios actuando en danzas teatrales que no había visto en ningún lado, tenía la limitante de no ver televisión y no existir acceso a internet. A mediano plazo solo era alimentado por la incentivación de un preciado regalo que me dio mi padre al notar mi interés por escuhar radio << ¡Ay mi ito que sabio eras...!>>, él me obsequió un radio-reproductor de cassette. Ese fue el inicio de una larga aventura entre esa ventanita al exterior y yo
A esas alturas ya trabajaba los fines de semana en una tienda, escuchaba música en la calle y en la misma tienda descubriendo que podia bailar con movimientos disimulados y a los encargados les gustaba que bailáramos porque atraía a los compradores. Pude irme comprando poco a poco cassette originales y ya no solo podía surtirme de música grabada desde la radio lo cual era una ardua y dificil misión que llevábamos a cabo mi hermano y yo a escondidas de abuela, tias y todos los adultos de la familia también. Al transcurrir el tiempo, llegué al liceo y no participé en ningún acto cultural que ameritara bailar ni actuar, como deseaba hacerlo. Ya se imaginan porque: era prohibido. No obstante, cultivaba mi gusto en aumento por el baile a escondidas o en escapadas a fiestas para seguir desencadenando mi emotividad al hacerlo. Con estas prácticas descubrí la sensualidad que envuelve el bailar, así como el hecho de descargar energía, de sentirme alegre si algo no salía tan bien en clases o en casa.
Un poco más tarde, al llegar a la capital venezolana (a iniciar mis estudios universitarios) sí logré con el tiempo asistir a clubes de bailes tanto de salsa, que en ese momento era mi reto aprender ya que en el occidente del pais no era ese el género musical más escuchado, así como a mejorar mis movimientos en el merengue y la música disco. Es innegable que mis temores por búsqueda de hacerlo público continuaban en mi. Ya más adulta fui descubriendo que era una fuente inagotable de cosechar energías positivas en mi cuerpo y mente que no sabía con certeza a qué se debían, lo que siempre me llevaba a escoger una pareja que le gustara bailar y compartieramos el gusto por hacerlo cada cierto tiempo, así aprendí a bailar salsa y a enamorarme de este género musical. Al transcurrir el tiempo he ido detectando los beneficios que actualmente ya se evidencian en mi metabolismo de poseer el hábito de bailar hasta sola en la habitación, ya no para esconderme de nadie, sino como parte de mi rutina de vida, porque:
  1. mantengo alegre y feliz cuando bailo como si nadie me viera
  2. cuando enfrento periodos largos de soledad mis alimentos son escribir, la música y bailar
  3. actualmente sé que activo neurotransmisores al bailar
  4. mi cuerpo se mantiene en forma cardiovascular y físicamente
  5. conozco algunos repertorios de folklore venezolano y sus coreografias, como de otros países
  6. me da emoción la expresión de mi hija al decir: Mami baila hasta con las cornetas de los carros 
 Solo les invito a que vean lo que se logra bailando llegar a esa edad 
con huesos y músculos fuertes y sanos

 
Ahora un ratico en los que me he divertido en público recientemente



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ALTOS MIRANDINOS, MIRANDA, Venezuela
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